Buscar este blog

miércoles, 28 de marzo de 2012

Juego de niños

Juegos de niños: inocencia, claridad, novedad en lo más simple; ojos y mente dispuestos a apreciar aquellas sorpresas de las que algunos nos hemos olvidado. Hace falta un niño que lo diga para hacernos voltear la mirada al color de un árbol, a ver la máquina más sorprendente inventada por el hombre y que para nosotros es solo un auto.
Cuántas líneas contadas en el asfalto, cuántos nombres inventados con tres simples letras de las placas de un auto, competencias para encontrar árboles morados; o simplemente, cuántas sonrisas logradas al mover una mano. Mis juegos de niña con mi eterna compañera y socia de fantasías, una niña pequeña y de carácter fuerte que siempre logra hacerme reír.
Dos hermanas que hoy se reflejan en aquellas parejas de niños que juegan y nos recuerdan esa complicidad de señas, miradas y gestos sobrentendidos para ellos y tan ajenos para quien no ha experimentado ello con su hermano. Pasan los años, parecemos diferentes, tenemos nuevos intereses, nuevos amigos, nuevas actividades y cada vez menos tiempo juntas; y aun así podemos reírnos de tonterías, jugar bajo la lluvia y llegar "empapadas" a recibir el regaño por haberlo hecho. Volvemos a terminar tiradas en la cama después de un asalto a la cocina para robar galletas, gomitas o lo que encontráramos y platicar de aquello que nos haya pasado, de lo que nos preocupa, de nuestros sentimientos frustrados o sólo para ponernos al día. Volvemos a ahogar las risas y hablar en voz baja ante la voz que proviene del otro cuarto para que dejemos de hacer "¡tanto escándalo!" y nos acostemos a dormir.
Lo que puede provocar un bote sellado algunos años atrás y lleno de juguetes, cartas con ese intento por entender nuestra letra, cuentos que te escribía para que durmieras y que tu guardabas en eso que llamabas "nuestro libro de historias", cuentos que yo ya había olvidado y hoy me han hecho derramar algunas lagrimas; una vieja cuerda y un collar que mi mamá partió por la mitad para resolver una de tantas peleas y al fondo, un par de zapatillas de plástico con sus respectivas bolsas, pulseras y aretes que nos hacían sentir "chicas grandes".
Algunos se quedarán aquí, otros se irán con nosotras, pero todas esas historias creadas con muñecas, pequeñas vajillas de juguete, un zoológico de peluche y un viejo convertible rosa, esas son sólo tuyas y mías y llevarán, como todo, las dos letras de nuestros nombres, esa X y esa Y de un plano cuyas coordenadas sólo conocemos tú y yo.

domingo, 25 de marzo de 2012

Una ruptura

Un estruendo, ruido perturbador que rompe la tranquilidad de nuestro entorno, después todo es silencio, todo vuelve a la normalidad, o quizá no...
Si haces una pequeña hendidura en una hoja de papel podrá parecer imperceptible pero ¿puedes asegurar que quedará igual?, si hay un bache en el camino podrás esquivarlo pero ¿lo recordarás siempre como para evitarlo cada vez que pases por ahí?. Un pequeño incidente puede romper con lo más insignificante, puede derrumbar el equilibrio de la torre, o puede simplemente hacerte tambalear entre todas tus tan endebles certezas.
La más simple gota de agua congelada podría ser el inicio de la nevada o la tempestad, o puede ser el rocío de una mañana nueva que de no ser por su tranquilidad podría parecerte casi normal, aburrida o hasta rutinaria. La torre es muy alta pero ¿qué pasará cuando retires la carta de su base, cuando coloques una nueva o cuando simplemente pase una ráfaga de viento que tire por la borda el esfuerzo?. ¿Significa que tienes que construirla de nuevo o que tal vez necesites material distinto? una base más fuerte quizá, tal vez material más flexible, moldeable y adaptable, tal vez no tengas que hacerla tan alta y llamativa, sino segura, cálida, que responda a tus necesidades y no a las de los demás.
La calma vuelve, el sol sale y seca de nuevo todo rastro del torrente desbordado previamente, pero no seca del todo la humedad, habrá siempre un signo, una huella de su paso por el lugar, un indicio de que todo puede acabar.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Corre

Corre y alcánzala, tal vez solo sea un instante pero habrán estado juntos en el mismo lugar y en el mismo momento; ve tras ella como si fuera una carrera, la competencia que deseas ganar, el lugar que quieres ocupar, la meta imposible de lograr. Después olvida...
Ahora no sabes quien eres, en dónde estás o qué sucede, el camino es blanco, no hay bordes, no ves horizonte alguno y la ves pasar: tan estilizada, tan ligera y temeraria, tan tranquila y segura que te atrae, la sigues, caminas pero no avanzas, sientes que por más pasos que des no lograrás llegar a ella; y sin embargo ella camina, sientes unos deseos incontrolables de correr a su lado, no sabes cómo ni porqué pero necesitas estar con ella. La distancia cambia, se acorta y ahora quieres parar, pasas a su lado y sientes que lo has hecho tan rápido que no te has permitido sentir nada, quieres regresar, retroceder en una carrera que no alcanzas a comprender, quieres reducir el paso pero hay una fuerza que te empuja a seguir adelante, cada vez con un nuevo y mayor impulso y tu solo puedes voltear atrás, ves su silueta difuminarse en ese blanco tan pulcro que pronto te deslumbra y te hace girar la vista para no verla más.
No lo has percibido y sin embargo notas poco a poco como crece el murmullo, un continuo andar de pasos que a cada zancada te parecen más cercanos, más fuertes, más pesados. Ese sonido se vuelve pronto un tormento que taladra tu cerebro, que golpea directamente a tu tímpano y te hace correr más a prisa. Es insoportable, solo deseas salir de aquí, aun no sabes como pero deseas con todo tu ser hacerlo; y de pronto el silencio, oyes ese tono tan familiar de aquello que se desprende de su sitio y cae al suelo, por primera vez volteas hacia arriba y los ves... caen de uno en uno: un cinco, un ocho, un tres y el pesado doce. Se acabó el tiempo.... empieza tu minuto.

domingo, 18 de marzo de 2012

Hemos llegado

Noche tibia, luz tenue que apenas se asoma por la ventana, toca cada uno de los muebles, de los objetos que son una memoria, un recuerdo de mi paso por aqui, tiempo de cambiar la decoración, hay demasiadas cosas mias en esta habitación; demasiados restos de tardes platicando, de platicas simplistas, de momentos obscenos. No nos toma por sorpresa, así ha sido desde el inicio, sin ataduras, sin complicaciones, aunque siempre tan crítico, tan pasional, tan excesivo como tu y como yo, creo que es algo que no podiamos evitar.

La velocidad nos encanta, fue nuestra única unión y el desencanto no podía hacerse esperar. Hoy no preguntas nada ni yo te doy respuestas, hoy no hay problema porque salgas de un lugar en el que nunca te sentiste "en casa" (aunque te esforzaras por hacerlo); hoy dejas las llaves sobre la mesa sabiendo que no has olvidado nada, ni siquiera una maleta o acaso una mascota por lo cual regresar.

Summer, no eras tú, demasiado pronto preparaste el vestido para hacerme correr a la colina, creo que en realidad estuviste consciente todo el tiempo y aun así lo aceptaste, quisiste convencerte de poder con ello, por eso ahora conoces la sonrisa, esa que alguna vez te permitió sentarte momentaneamente en el asiento de a lado, pero que te recordaba que solo era para darte un "aventón", pues seguiria su camino y tu no eras el copiloto que pudiera indicarle la ruta.

No te extraña que abriera la puerta para decirte que habíamos llegado y que yo debía tomar a la derecha aunque tu no vieras camino alguno trazado en esa dirección. Lo aceptas, tomas solo la chamarra, dejas el paragüas por si llueve -sabes que detesto mojarme-, preguntas por el mapa y te sonrojas cuando recuerdas que no he metido uno al auto, ni siquiera recuerdo dónde pude haberlo dejado. Un beso y un hasta luego, no debiste tomarlo tan en serio.

domingo, 11 de marzo de 2012

Sin voltear atrás

No regreses, no intentes volver como si nada hubiera pasado, tratando de olvidar todo y reiniciando como si apenas me conocieses. Sabes que no es así, sabes que nunca será así de nuevo y aunque lo fuera ya no sería igual, muchas cosas han cambiado, entre ellas mi percepción sobre ti.
Vete de los sueños, aléjate de mi recuerdo, permanece solo como ese amigo ocasional que escucha mis pensamientos sin interrogarme, sin prestar atención en la mayoría de los casos; no vuelvas a remover sentimientos a los que después no sabrás reaccionar, no voltees y abras de nuevo la puerta para huir cuando lo veas todo claro.
Tu no estás en el juego, no lo estuviste en tu tiempo y no lo estarás ahora, eres el dado en un juego de ajedrez, el aderezo en un desayuno simple. Nunca te he entendido y no planeo hacerlo en este momento, eras una idea ya concebida, una clasificación dada que me había obligado a darte (aunque nunca te adecuaras exactamente a ella). Me obligué a darte un nombre, un apelativo, una imagen y una historia separada a la mía, creé una pintura sobre ti, un retrato inmóvil que de repente pudiera hacerme voltear a verlo y lograr que esbozara una sonrisa; te hice un actor sin papel, el personaje mudo de mi obra de teatro.
No quieras regresar a convertirte en el objeto de mis ideas, en el antagónico, ni siquiera en el nudo de la historia, simplemente tu tinta y la mía son ajenas, se repelen. Tu escribes cual tinta de limón sobre papel -no eres visible hasta poner el papel a contraluz- y yo, yo soy demasiado clara, una tinta demasiado espesa para convivir contigo; nuestros trazos son diferentes, incluso distamos en la forma de expresarnos: ¿cómo pueden convivir un periodista con una escritora de cuentos?¿cómo pueden relatar una historia juntos si el periodista relata la fantasía y la cuentista relata la realidad fría?.
No regreses y si lo haces vuelve como solo tú y yo sabemos hacerlo: vuelve para no quedarte, vuelve para irte y no dejar recuerdos, vuelve para deshacer lo que una vez fue una incipiente historia.

jueves, 8 de marzo de 2012

El hombre más importante de mi vida

Abro los ojos, delante de mi está esa imagen oscura, ese ente que siempre me acompaña, ese alguien que me levanta, que me acompaña en el camino diario hasta donde lo cree necesario, indispensable para sentirme segura, para poder levantar la mano en señal de adiós, un adiós momentáneo, en ocasiones largo pero nunca definitivo.
Se levanta cada mañana, como la sombra de un lugar al que hace falta revivir en el día a día, sabe que es indispensable para ello y por eso repite la misma operación cada mañana, cuando la luz comienza a tocar por la ventana. No importa cuan cansado esté, si se siente bien o mal, si tiene ganas de iniciar el día o no, se levanta y con toda la paciencia de la que es capaz se dirige a mi recámara para despertarme, para estar ahí.
Es mi apoyo, mi consciencia, es la parte pensante y racional, quien puede verme caer y me levanta para volver a intentar el salto, no me cuestiona -a veces quisiera que lo hiciera, creo que confía demasiado en mi- aunque me cuida, procura estar ahí cuando sabe que me equivoqué y aunque es consciente de mi orgullo es como si no existieran palabras necesarias entre nosotros, me conoce y se conoce, permanece a mi lado y me hace reflexionar.
Mi ídolo, uno de mis ejemplos a seguir, era fuerte pero para mi se volvió invencible cuando lo vi derrumbarse, cuando pude ver su lado humano más vulnerable y a pesar de ello se tomó el tiempo de tranquilizarme y de darme una seguridad que ni siquiera yo estaba segura que él tuviera en ese momento.
Es un gigante con un corazón enorme, una piedra capaz de romperse solo para aquellos que puedan admirar los maravillosos recursos que posee, esa piedra preciosa difícil de encontrar. Agua que calma, que alimenta el alma, agua constante capaz de engendrar un fuego ardiente y darle libertad y paz cuando le hace falta. Sabe que ese fuego regresará a él cuando necesite un refugio, cuando quiera reflexionar, cuando necesite curar sus heridas y renovarse.
Creo que pocas veces te lo he dicho, tal vez porque no hablamos de ello, como dije, no necesitamos muchas palabras, pero eres el hombre que ha marcado mi vida, al que no podría cambiar, el que me da todo, el dueño de toda mi ternura y mis enojos, el conocedor de mis virtudes, defectos, manías e inseguridades, eres mi refugio en el dolor y quien conoce mis grandes alegrías.
No se como lo lograste, pues con carencias y necesidades te forjaste contra todo sin perder esa gran capacidad de amar, de dar lo mejor de ti, de demostrar que siempre se puede hacer algo cuando se quiere. Eres mi ídolo por que a pesar de no conocer el amor de un padre has sabido ser el mejor para mi.

domingo, 4 de marzo de 2012

Un pedazo de papel

Escribe y hazlo como si tu boca no pudiera expresar palabra alguna, como si tus cuerdas bucales fueran obsoletas, como si carecieras de cualquier otro instrumento para comunicarte, para decir lo que sientes o tan solo para callarte. Escribe no con las manos, escribe con el pensamiento, con tus sueños y emociones, con la tinta que corra de cada sentimiento desbordado.
Cual pasión guardada en tu interior, grita de deseo, de temor, de alegría, incluso de aburrimiento; devora cada hoja, siente el sabor de cada página, degusta la sensación que deja en tu boca cada autor, cada época, incluso cada tipo diferente de papel.
Empieza por un libro delgado, digerible, escoge aquel que llame primero tu atención, no quieras parecer un intelectual si no lo eres y aunque lo fueras ¿de qué te sirve un libro de teología si eres un ateo? ¿para qué un libro de filosofía si no comprendes la poesía más pura y simple?. Recuéstate, encuentra un lugar cómodo y solitario un lugar que te permita toda la tranquilidad posible para imaginar, para adentrarte entre las hojas, sumergirte en una historia, vivir a través de otra persona: ver con otros ojos, saborear con otra boca.
Disfruta ese olor a papel viejo o nuevo (en lo personal, disfruto más el olor a añejo), deja que cada poro de tus manos se funda en esa textura rugosa de cada página que corta, de cada pedazo de historia.