
Juegos de niños: inocencia, claridad, novedad en lo más simple; ojos y mente dispuestos a apreciar aquellas sorpresas de las que algunos nos hemos olvidado. Hace falta un niño que lo diga para hacernos voltear la mirada al color de un árbol, a ver la máquina más sorprendente inventada por el hombre y que para nosotros es solo un auto.
Cuántas líneas contadas en el asfalto, cuántos nombres inventados con tres simples letras de las placas de un auto, competencias para encontrar árboles morados; o simplemente, cuántas sonrisas logradas al mover una mano. Mis juegos de niña con mi eterna compañera y socia de fantasías, una niña pequeña y de carácter fuerte que siempre logra hacerme reír.
Dos hermanas que hoy se reflejan en aquellas parejas de niños que juegan y nos recuerdan esa complicidad de señas, miradas y gestos sobrentendidos para ellos y tan ajenos para quien no ha experimentado ello con su hermano. Pasan los años, parecemos diferentes, tenemos nuevos intereses, nuevos amigos, nuevas actividades y cada vez menos tiempo juntas; y aun así podemos reírnos de tonterías, jugar bajo la lluvia y llegar "empapadas" a recibir el regaño por haberlo hecho. Volvemos a terminar tiradas en la cama después de un asalto a la cocina para robar galletas, gomitas o lo que encontráramos y platicar de aquello que nos haya pasado, de lo que nos preocupa, de nuestros sentimientos frustrados o sólo para ponernos al día. Volvemos a ahogar las risas y hablar en voz baja ante la voz que proviene del otro cuarto para que dejemos de hacer "¡tanto escándalo!" y nos acostemos a dormir.
Lo que puede provocar un bote sellado algunos años atrás y lleno de juguetes, cartas con ese intento por entender nuestra letra, cuentos que te escribía para que durmieras y que tu guardabas en eso que llamabas "nuestro libro de historias", cuentos que yo ya había olvidado y hoy me han hecho derramar algunas lagrimas; una vieja cuerda y un collar que mi mamá partió por la mitad para resolver una de tantas peleas y al fondo, un par de zapatillas de plástico con sus respectivas bolsas, pulseras y aretes que nos hacían sentir "chicas grandes".
Algunos se quedarán aquí, otros se irán con nosotras, pero todas esas historias creadas con muñecas, pequeñas vajillas de juguete, un zoológico de peluche y un viejo convertible rosa, esas son sólo tuyas y mías y llevarán, como todo, las dos letras de nuestros nombres, esa X y esa Y de un plano cuyas coordenadas sólo conocemos tú y yo.





