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domingo, 18 de marzo de 2012

Hemos llegado

Noche tibia, luz tenue que apenas se asoma por la ventana, toca cada uno de los muebles, de los objetos que son una memoria, un recuerdo de mi paso por aqui, tiempo de cambiar la decoración, hay demasiadas cosas mias en esta habitación; demasiados restos de tardes platicando, de platicas simplistas, de momentos obscenos. No nos toma por sorpresa, así ha sido desde el inicio, sin ataduras, sin complicaciones, aunque siempre tan crítico, tan pasional, tan excesivo como tu y como yo, creo que es algo que no podiamos evitar.

La velocidad nos encanta, fue nuestra única unión y el desencanto no podía hacerse esperar. Hoy no preguntas nada ni yo te doy respuestas, hoy no hay problema porque salgas de un lugar en el que nunca te sentiste "en casa" (aunque te esforzaras por hacerlo); hoy dejas las llaves sobre la mesa sabiendo que no has olvidado nada, ni siquiera una maleta o acaso una mascota por lo cual regresar.

Summer, no eras tú, demasiado pronto preparaste el vestido para hacerme correr a la colina, creo que en realidad estuviste consciente todo el tiempo y aun así lo aceptaste, quisiste convencerte de poder con ello, por eso ahora conoces la sonrisa, esa que alguna vez te permitió sentarte momentaneamente en el asiento de a lado, pero que te recordaba que solo era para darte un "aventón", pues seguiria su camino y tu no eras el copiloto que pudiera indicarle la ruta.

No te extraña que abriera la puerta para decirte que habíamos llegado y que yo debía tomar a la derecha aunque tu no vieras camino alguno trazado en esa dirección. Lo aceptas, tomas solo la chamarra, dejas el paragüas por si llueve -sabes que detesto mojarme-, preguntas por el mapa y te sonrojas cuando recuerdas que no he metido uno al auto, ni siquiera recuerdo dónde pude haberlo dejado. Un beso y un hasta luego, no debiste tomarlo tan en serio.

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