
Abro los ojos, delante de mi está esa imagen oscura, ese ente que siempre me acompaña, ese alguien que me levanta, que me acompaña en el camino diario hasta donde lo cree necesario, indispensable para sentirme segura, para poder levantar la mano en señal de adiós, un adiós momentáneo, en ocasiones largo pero nunca definitivo.
Se levanta cada mañana, como la sombra de un lugar al que hace falta revivir en el día a día, sabe que es indispensable para ello y por eso repite la misma operación cada mañana, cuando la luz comienza a tocar por la ventana. No importa cuan cansado esté, si se siente bien o mal, si tiene ganas de iniciar el día o no, se levanta y con toda la paciencia de la que es capaz se dirige a mi recámara para despertarme, para estar ahí.
Es mi apoyo, mi consciencia, es la parte pensante y racional, quien puede verme caer y me levanta para volver a intentar el salto, no me cuestiona -a veces quisiera que lo hiciera, creo que confía demasiado en mi- aunque me cuida, procura estar ahí cuando sabe que me equivoqué y aunque es consciente de mi orgullo es como si no existieran palabras necesarias entre nosotros, me conoce y se conoce, permanece a mi lado y me hace reflexionar.
Mi ídolo, uno de mis ejemplos a seguir, era fuerte pero para mi se volvió invencible cuando lo vi derrumbarse, cuando pude ver su lado humano más vulnerable y a pesar de ello se tomó el tiempo de tranquilizarme y de darme una seguridad que ni siquiera yo estaba segura que él tuviera en ese momento.
Es un gigante con un corazón enorme, una piedra capaz de romperse solo para aquellos que puedan admirar los maravillosos recursos que posee, esa piedra preciosa difícil de encontrar. Agua que calma, que alimenta el alma, agua constante capaz de engendrar un fuego ardiente y darle libertad y paz cuando le hace falta. Sabe que ese fuego regresará a él cuando necesite un refugio, cuando quiera reflexionar, cuando necesite curar sus heridas y renovarse.
Creo que pocas veces te lo he dicho, tal vez porque no hablamos de ello, como dije, no necesitamos muchas palabras, pero eres el hombre que ha marcado mi vida, al que no podría cambiar, el que me da todo, el dueño de toda mi ternura y mis enojos, el conocedor de mis virtudes, defectos, manías e inseguridades, eres mi refugio en el dolor y quien conoce mis grandes alegrías.
No se como lo lograste, pues con carencias y necesidades te forjaste contra todo sin perder esa gran capacidad de amar, de dar lo mejor de ti, de demostrar que siempre se puede hacer algo cuando se quiere. Eres mi ídolo por que a pesar de no conocer el amor de un padre has sabido ser el mejor para mi.
Creo que ese "hombre" estará muy feliz d leer esto que sientes por él.
ResponderEliminar