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domingo, 15 de abril de 2012

Un nuevo inicio, un adiós

Despierto, abro los ojos, una ventana enorme alumbra hoy mi recámara, tengo las mismas cosas y sin embargo hay algo diferente, me he despedido de una parte de mi vida, una parte hasta hoy escencial para mi.
Ha cambiado mi refugio, hoy desperté en mi nueva casa, han sido demasiados cambios en muy poco tiempo. He tenido que desprenderme de un lugar que para mi significaba paz, consuelo, refugio, abstracción, el lugar más sagrado en mi vida; en él he vivido momentos increibles, los más hermosos y los más tristes, mis enojos injustificados y justificados, mis más sinceras carcajadas, mis más tristes pensamientos y mis más valiosos momentos. En esa casa dejo demasiados sentimientos tal vez es por eso que me ha costado tanto desprenderme de ella.
Hace unos días llevé a cabo una especie de despedida, un "ritual" que creo que todos necesitamos experimentar alguna vez en nuestras vidas y que fue acompañado de un amigo maravilloso que nos fue guianado a través de él. "Todos tenemos que aprender a decir adiós, a cerra círculos, para empezar unos nuevos", creo que hasta hace muy poco comprendi el significado de ello y comencé a hacerlo; siempre me ha costado desprenderme de las cosas y sobre todo de aquello que me resulta irremplezable.
Pues bien, todo comenzó con una luz encendida, cuatro velas que simbolizaban el paso de cada uno de nosotros por esa casa (mi papá, mi mamá, mi hermana y yo, mi familia), el recorrido por cada uno de los lugares que conformaban la casa, bastante difícil para explicarlo, removió muchísimos sentimientos pues nos hizo derramar bastantes lágrimas acompañadas de innumerables carcajadas, al ir reviviendo todo aquello que aunque no  siempre lo aceptemos nos regala una casa. Creo que, sin embargo, el momento más difícil de todos fue la llegada a la puerta principal, girar la cabeza y tener que decir adiós, agradecerle a esa vieja casa todo aquello que nos había regalado y dejarla ir como muchas otras cosas que ahí sucedieron.
Creo que ninugo piensa en realidad lo que significa el tener un lugar al cual llegar, en donde te reciban y te sientas libre de todo lo demás, un lugar al cual se desee siempre regresar. Sé que los recuerdos quedan, que se van con cada uno de nosotros y que el hogar no lo hace una estructura, sino aquellos que construyen día a día sus sueños y vivencias cotidianas, mi hogar se va conmigo pero mi casa, la que vi desde mi primer día de vida, esa queda guardada en mi mente junto con todo aquello que me dió, junto con estas lágrimas que hoy derramo frente a esta computadora por un nuevo comienzo.
Y no fue el único adiós, mis niñas, mis compañeras de juegos y travesuras, quienes no importaba que hubiera llovido, hiciera frío o calor, o no me hubieran visto todo el día, me recibían siempre con la misma alegría, con ese cariño sincero, irremplazable e inentendible para muchas personas; el decir adiós a mis dos perritas fue algo que aun me duele, que aun me lleva a derramar lágrimas por no haberme podido despedir de ellas. Sé que ahora estan en las mejores manos que pudimos haber encontrado, con personas que las cuidarán y les darán todo el amor que pudimos haberles ofrecido, y que ellas les darán todo ese cariño que son capaces de otorgar, ese cariño tan puro que sólo un compañero de ese estilo te puede regalar. Por eso hoy aprovecho este espacio para decirles adiós, para intentar despedirme de dos seres inolvidables que siempre fueron más que mis guardianas, mis amigas en silencio, mis compañeras de vida, y una parte de mi pequeña-gran familia.
Adios

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