
Un pie tras otro, pisadas que van quedando sobre la arena y se desvanecen al paso del mar, pareciera que desaparecen pero no es así, dejan huellas imposibles de borrar. Una maleta que llevó deseos, esperanzas muertas, ansiedad, desesperación y confusión regresa ahora con sólo dos palabras: paz y decisión; un viaje que se convirtió en una montaña rusa de emociones, que me mostró el punto más alto y al mismo tiempo me llevó hasta el fondo, ¡vaya locura!.
El fondo era sumamente oscuro y triste, casi mortal pero de la nada llegó una corriente que me impactó con tal estruendo que no pude más que sucumbir ante ella y que con toda la fuerza que pueda darle o arrebatarle el mar me fue llevando a la orilla, al lugar en donde el agua es más clara, en donde se pueden apreciar mejor las cosas. La vida no puede evitar caídas, lo importante es haber tocado fondo y levantarse, tener un motivo para disfrutar, para cambiar.
La vida, mi vida, mis historias son una canción, son una melodía continua que no termina porque a pesar de todo lo que más amo en esta vida es escuchar; cuando ya todo ha dejado de ser importante a mi alrededor quedan los sonidos de la vida y la muerte, de lo cercano y lejano, sólo quedamos mi soledad y yo, ya no para reflexionar, sino para disfrutar un poco de la paz que nos puede ofrecer la brisa del mar.
"Holas" y "adioses" no pararon, personas que llegan y se van, algunas que regresan, otras que nunca se fueron; un recuerdo, una lágrima, una sonrisa bastaron para recordarme porque valía la pena hacer algo. Una luna que deja de estar sola, una melodía que se apaga y otra que siempre se mantuvo en el fondo de mi historia, tempestad que va encontrando la calma, invierno que encuentra un motivo para recuperar su calidez sin dejar su esencia, notas de mar que se quedan en mis oídos, arena, sol, lluvia y una enorme felicidad son los nuevos inquilinos del corazón.
Nos bastaron dos miradas, aprender a perdonar y recordar solo recordar que a pesar de todo podíamos volver a estar juntos que seguíamos sintiendo exactamente lo mismo que la primera vez que nos vimos, nos regalamos dos días, incontables horas, recuerdos inmemorables, sentimientos en vigilia.
Perdón, amistad, madurez, decisión; este es un camino en el que a pesar de lo sola que pueda verme mis pasos siempre serán acompañados pues así como es indisociable la noche de la luna y las estrellas, el mar de la tempestad y de la vida; así es mi historia y su acompañante eterno: YO.
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