Buscar este blog

miércoles, 15 de febrero de 2012

Perdida

Sube, uno a uno, cual si fueran obstáculos infranqueables, el piso está mojado, resbaladizo, voltea al fondo y encuentra un lugar, como si este hubiera estado esperando expresamente por ella. Se sienta y entre los diversos colores, texturas, lentes (heredados quizá o parte de ella desde hace mucho tiempo) y diversos artículos que acaparan sus manos, se percibe un cierto aire de inocencia, de ese temor inevitable a lo que sucederá.

Ahora sabe que no debió haber salido, debió haber imaginado que esto iba a pasar y, sin embargo, al cruzar la puerta se sintió tan decidida, tan libre de ese antiguo refugio que al paso del tiempo se había convertido en prisión y cementerio de su memoria. Sabe que debió al menos haber anotado el número del vecino, aquel a quien ha visto contadas ocasiones y que sin embargo siempre tiene una sonrisa para darle, aquel que al mudarse le ofreció su apoyo en lo que necesitara; pero es que aun no lo asimila, es muy difícil cambiar nuestros hábitos de vida, pasar de ser una mujer independiente a una que de pronto se ve invadida por el pánico al desconocer su alrededor, una mujer que no puede distinguir entre frustración, desesperación o desconsuelo al darse cuenta de que ha olvidado aquello que hacía instantes había decidido hacer.

Empeorará con el tiempo, es su única certeza, consuelo o resignación, conoce cómo será el proceso, maldita manía o costumbre tal vez de tratar de explicarse todo, de entender las causas y consecuencias a su alrededor; y a pesar de ello, el desconocimiento de cuánto tardará, la sola idea de saberse atada a su refugio por temor a olvidar el camino de regreso, va convirtiendo paulatinamente su vida en un triste andar, en la desesperanza de no tener un objetivo más en el camino, una meta a la cual llegar.

El continuo roce de sus manos con la bolsa de plástico le ha dejado los dedos enrojecidos, cuestión que se exacerba con el frio clima matutino, pero ella parece no percatarse de nada, ensimismada en sus pensamientos dirige una mirada perdida a quien frente a ella la evade y hasta hace comentarios burlescos sobre su percibida locura.

Esta consiente de todo lo que pasa a su al rededor, escucha las burlas de los jóvenes que la acechan, pero ya no le importa pues, muy a su pesar, sabe que dentro de poco no recordara ni una palabra de ello, así como ha olvidado aquello que deseaba hacer, así como ha olvidado el camino de regreso.

Se levanta y ante ella se abre un pasillo conformado por quienes la rodean, como si su aparente estado de ‘locura’ (así la llaman ellos) fuese a contagiarse al más mínimo roce. Un chirrido de llanta, el autobús frena súbitamente, casi cae en el suelo mojado, pero ni todo el olvido la ha alejado de sus antiguas costumbres, de esos reflejos naturales entrenados con el tiempo; tiempo, ahora lo tiene de sobra ¿el problema?, ya no es consciente de ello.

No hay comentarios:

Publicar un comentario