
Un pastel, una manzana, tal vez sólo un poco de lechuga o quizá una exquisita pasta; no siempre es fácil decidir el platillo ¿o si? ¿qué nos indica el sabor a elegir?. Tal vez un día triste necesite un panquecito glaseado de vez en cuando, aunque quizá un poco de brocoli nos recuerde la simpleza de lo real en un mundo imaginario.
Tú escoges el sabor de tu vida, el balance de tu dieta; puedes llevar una vida azucarada llena de los colores de esos deliciosos algodones de dulce que, sin embargo, terminarán por empalagarte a tal grado que quizá requieras un poco de agua para regresar a la realidad y enjuagar tus papilas gustativas. Algunos otros preferimos la simpleza de lo natural, las verduras y frutas que a pesar de todo su sabor nos recuerdan siempre esa realidad pura y neutral; si bien es cierto que también hay que saber escogerlos pues otros tantos prefieren ese sabor ácido de un limón fresco cual irritante primordial de la herida, combinándolo con todo aquello que les ocurre y por tanto, encontrándole la acidez a cada minuto de su existencia.
Habrá también paladares más finos que busquen lo exótico, lo deslumbrante y encantador de un platillo preparado por el mejor chef, pero ¿te digo algo?, esos platillos adornados y presentados tan originalmente no son más que la conjunción de los ingredientes simples de esta vida, mismos que no siempre dan los resultados esperados. Existen tantas opciones como tipos de gastronomía hay en el mundo, elige la que más te guste y disfruta de cada una en su justa medida porque recuerda que una dieta debe estar formada por porciones equilibradas de los diferentes alimentos; así que no te tortures, mira el buffet y escoge aquello que te dicte el paladar de tu corazón.
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