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viernes, 23 de septiembre de 2011

Lluvia

Llueve, tan dolorosa y exquisitamente, nadie lo nota, quizá porque han dejado de sentir la gotas que tocan y resbalan por cada centímetro de piel, cual néctar que emerge de un fruto al ser mordido por una boca. Llueve en cada espacio y lava todo lo acontecido antes de su llegada, nada existe antes, todo es ahora y hasta su muerte; hasta que se extinga y evaporize la última gota. ¿Será que de verdad ha borrado todo? tal vez por eso cobra fuerza, quiere eliminar todo rastro anterior, quiere saciar la sed sin ahogar, quiere nutrir lo seco, quiere crear.

Nada, niebla, frio, no hay nada después de esto, ni soledad ni recuerdo, solo agua que fluye, se estanca y encuentra nuevos caminos para seguir ¿a dónde? ni ella lo sabe, lo único que sabe es que no está destinada a quedarse ahí, se sabe móvil, se sabe libre y se sabe incontenible; todo el que preste un poco de atención puede sentirla, respirarla, beberla; pero no se quedará, cumple su cometido y parte, se transforma en algo que pueda llevarla más allá, transportarla a otros lugares y sensaciones.
Afuera todo sigue hostil, huele a muerte paulatina, a sequía que no termina y no muestra indicios de tener un próximo fin, ¿será por eso que nadie más percibe esta lluvia? ¿acaso todos la habrán olvidado? espero que no, porque si así fuera no volvería jamás ¿para que volver si ya la han olvidado, si la han desconocido?.

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