
¡Que día!, parecía que el ambiente se confabulaba: los árboles respiraban, el viento rugía, el asfalto parecía una inmensa pista de hielo derritiéndose a cada segundo con una cantidad inigualable de patinadores que no parecían advertirlo, algunos sabían deslizarse perfectamente, algunos otros tenían que sostenerse de las orillas o del brazo del alguien más para desplazarse, los menos, ni lo intentaban.
Se podía respirar el aguanieve por todos lados, llegaba a tus pulmones y te perforaba cual taladro, pero aun así la vista era completamente hermosa, casi hipnotizante; así como esas sonrisas que se escuchan a lo lejos y que resuenan en tus oídos, tal vez por la felicidad que contagiaban, tal vez por su vivacidad, tal vez por ser las de dos jóvenes que parecían flotar por sobre el resto del paisaje, pertenecían naturalmente a aquel entorno y te hacían sentir tan ajeno sobre ese suelo, tan fuera de lugar.
Una cama suave, fresca, con olor a tierra húmeda, abro los ojos y veo pasto, un pasto verde del que no me había percatado antes, gracias amiga por esos momentos de sonrisas desenfrenadas y diversión sencilla, tonta incluso, palabras vagas que provocaron tal estruendo que me hicieron olvidar que había más personas al rededor, gracias por regresarme un poco de esos momentos infantiles de risas inexplicables, de miradas cómplices y de diversión irresponsable.
Música nueva, suave, sensual, que te invita a imaginar; una puesta en escena que no comprendo y sin embrago disfruto, agua regada por doquier, todos buscamos a la mujer, sin saber que deberíamos buscarnos primero a nosotros mismos. Una guitarra, una voz que nos hace girar a todos y encontrar el escenario; luces multicolor, imágenes proyectadas que parecen no tener sentido y sin embargo son parte del show.
Ahora dos pequeños cerdos guinda le devuelven el calor a mis pies al adentrarme en ellos, me pierdo entre telas que le devuelven la temperatura necesaria a mi cuerpo, vaya clima el de afuera, solo puedo percibirlo por la ventana pero sé que está ahí, como todo y todos los demás. Un buen libro, sábanas suaves, una lámpara que da luz a mis pensamientos y una secuencia de letras incomprensibles para otros, exquisitas para mi.
Finalmente hiperrealismo en el edificio, blanco y negro al fondo del segundo piso, urbanismo y catástrofe en el siguiente, salgo a mi realidad que no dista mucho de lo observado al interior del inmueble, pasado y presente, lo imponente y lo inminente, un muy buen fin de semana y el tiempo que se mueve.
No hay comentarios:
Publicar un comentario