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jueves, 10 de noviembre de 2011

Una ventana en la fortaleza

Abre los ojos, un nuevo día comienza, ¿qué ves?. Un techo blanco, bueno, al menos creo que alguna vez lo fue, ahora es un conjunto de restos de diurex, cinta canela, pequeños pedazos de estambre colgando, marcas diversas de pintura y pequeños agujeros que dan muestra de que alguna vez hubo clavos en su lugar. He aquí lo que encuentras en una habitación vacía cuyo único objeto que da cuenta de mi presencia en su lugar es un colchón en el piso, un colchón de segunda mano que sirve de cama, sillón y de alguna manera, de mi recámara.
Volteo, ya salió el sol y sin embargo mi ventana parece no advertirlo, mucho menos el gato que duerme ahí y que me impide abrirla; de cualquier forma no podría hacerlo pues pareciera que esta fue puesta de forma irónica en ese preciso lugar. ¿Cuál es la función de este aditamento?¿dar un poco de luz, permitir la entrada de aire? ¿acaso permitirnos observar la realidad existente al exterior de nuestra fortaleza constituida por cuatro paredes? Ahí se encuentra la ironía misma de mi ventana, cuya única vista capaz de ofrecer es un muro escurrido de quien sabe qué clase de sustancias o líquidos; un muro que da cuenta de mi soledad o tal vez un muro que se burla de ella.
Al otro lado una puerta cerrada, una puerta que parece caer a pedazos con solo tocarla, tal vez por eso lo evito. Tanta decadencia, tal simplicidad y sin embargo tanta soledad que alberga mil pensamientos, mil contradicciones hechas en la vigilia de mis noches, en la frialdad de mis días y la desesperanza de mis amaneceres.
Restos de la existencia de otros, sombras de su presencia en este sitio, sonidos apagados que sin embargo siguen latentes; pintura que cae a pedazos y deja ver la capa previa: de colores difusos y que aún así son diferenciables de los demás. Grises, verdes, púrpura, ocre, todos ellos colores que se respiran en el ambiente y pareciera han olvidado la vivacidad del amarillo, el rojo o el azul; pareciera que el círculo cromático ha llegado a tal grado de combinación que nos regala un color marrón violáceo tan neutro, tan incapaz de generar un ideal nuevo.
Cubre la ventana, derrumba la puerta, saca el colchón, despega el diurex, pinta de blanco tu centro y sal a tomar un poco de aire. Cuando regreses todo y nada serán iguales, todo y nada significarán lo mismo y lo nuevo.

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